19/5/14

Entrevista a Cineasta venezolano Atahualpa Lichy

     “Los misterios siempre nos acompañan dentro y fuera del cine”.

Atahualpa Lichy, un cineasta venezolano con más de 50 años de trayectoria. Supera las 60 películas, entre cortometrajes como William Hogarth (1965) y L´Abecedaire du Maréchal (1979) y largometrajes como Río Negro (1991) y El Misterio de las Lagunas, fragmentos andinos (2011), su más reciente película documental. Aprovechando la ocasión de su visita a la ciudad y su gran experiencia en el cine, sobre todo documental, conversamos con esta interesante personalidad.

                           
                           Guillermo Chávez, Elmer Junior Zambrano, Atahualpa Lichy y Pablo Arapé

     ¿Cómo se inicia en el cine?
“ Nací en La Pastora, Caracas, mi Padre recorrió toda Venezuela cazando mariposas y yo le acompañaba siempre, en esos viajes me interesé por el cine cuando obtuve un trabajo en una producción, desde ese momento, muy joven, supe a lo que quería dedicarme”.

      ¿Por qué el interés particular hacia la música?
“Soy  melómano, cuando joven pude asistir a conciertos de Pink Floyd, The Rolling Stones, entre otras bandas, pero igual me disfruto a Puccini, Vivaldi y otros clásicos, es algo innato que me ha funcionado para combinarlo con mi carrera dentro del cine, para contar mis historias, además debemos recordar que el cine es audio – visual”.

     ¿Cuál es su método para estructurar un guion para documental?
“ Cuando tú haces un documental por ejemplo histórico, sobre Bolívar, sobre Lara, sobre un pintor, ahí escribes el guión como una película tradicional; son hechos que ya ocurrieron, lo que tienes es que escoger lo que tú quieras decir; si es un documental en el que estas filmando con personas vivas y quieres saber cómo están viviendo, como están haciendo las cosas, creo que lo que tienes antes es una guía, tienes que hacer un estudio previo muy importante: la región, tradiciones de la gente, economía… son cosas que tu vas a preguntar para conocerlos.

Se llama guion porque en los institutos de cine, para darte apoyo, haces las cosas más precisas, pero sabes bien que de esa “cosa precisa” no va a quedar casi nada al final, porque sobre la marcha escoges a la gente, los lugares. Hay variables incontrolables: tú querías lluvia y hace sol, querías sol y llueve. Tienes que tener una idea precisa de lo que va hacer para siempre poder seguir trabajando, pero no lo que vas a grabar lo vas a mostrar porque lo escribiste antes.

Tú me dices algo de ti que me parece interesante y yo no lo tenía en mi guion,  por eso, el verdadero guion en este tipo de documental se escribe en la edición”.  Vemos en Atahualpa Lichy, quien tiene el cabello lacio y largo hasta los hombros, como lo lleva desde joven, totalmente blanco por las canas, un hombre alto, blanco, contextura fuerte, conversador, amable, con un temperamento pacifico, sus gestos denotan su tranquilidad, como si la experiencia le dijera que no es necesario afanarse ni apresurarse. Voz fuerte con un acento que haría presumir que es de origen francés, aclara se trata que: “tengo frenillo y como he vivido gran parte de mi vida en Francia, la gente piensa que se me pegó el acento”, recuerda con una sonrisa en el rostro.

      ¿Es el documental: un género cinematográfico aburrido?
“ Hay una parte de documentales que están hechos con un  esquema que impone un poco la televisión, es un esquema muy simplista que tiene que ver con una línea que hay que hacer un comentario, algo que explique todo lo que uno está viendo, como si el espectador no supiera ver una imagen y entender lo que hay en la imagen, se convierte en algo incómodo,   hasta el tono de la locución es casi impuesto, no me convencen en nada; es mejor escoger lo que uno va a decir y dejar que el público vea,  interprete.

Las nuevas tecnologías han dado mucho progreso, nos facilitan muchas cosas, pero la tecnología no significa que uno deba abandonar el lenguaje, pero la cámara no reemplaza a la creación, te ayuda a tener una mejor creación”. Diana Lichy, la esposa de Atahualpa, su compañera sentimental desde hace más de 25 años, también productora, guionista y realizadora, además de compositora de la música de “El Misterio de las Lagunas, fragmentos andinos”, ha sido un apoyo y compañera de trabajo, complementa su equipo. Tienen un hijo que actualmente estudia cine en Francia.

 Lichy poco menciona su vida personal, solo lo necesario, como muchos artistas, desea mantener la privacidad, pero en cuanto a cine responde rápida y ávidamente todo lo que se le pregunta y más.

    ¿Qué espera Usted de la taquilla?.
“No puedo esperar mucho de la taquilla, son películas distribuidas con muy pocas copias y muchas dificultades, no es la taquilla la que va hacer un aporte importante; pero la gente sabe que la película existe (El Misterio de las Lagunas, fragmentos andinos), casi todo el mundo ha oído de ella y va a verla al cine, algunos que la han visto vuelven a verla; es positivo para un documental, en Venezuela con el documental eso pasa muy poco. Las críticas han sido muy buenas, pero la taquilla financieramente, desgraciadamente no me va a dar beneficios”.

     ¿ Por qué es más reconocido por su película de ficción Rio Negro (1989) que por sus otras realizaciones?.
Es una película muy moderna, personas que la vieron hace 20 o 25 años aun la recuerdan y personas que la ven hoy día les queda en la memoria, tuvo mucho impacto, en aquel entonces fue una  de las primeras películas que fue hecha en coproducción con países extranjeros; quizás por tratarse de una ficción  que es una especie de superproducción que queda en la memoria de mucha gente.
Grata conversación con este gran cineasta venezolano, quien nos recibió atentamente durante una de sus visitas a la ciudad de Barquisimeto.